Aspectos políticos y jurídicos del Asia Oriental

Posted on Julio 23rd, 2004enCorea, Asia, Japó, Xina por ignasi

Esta introducción pretende ser una invitación al estudiante a invertir su tiempo, de manera positiva y fructífera, en conocer más y mejor una de las zonas más atractivas e interesantes del mundo. Asia es una de las áreas más dinámicas del planeta, cuenta con el 60% de la población y el 30% del PIB mundial, donde coexiste una gran diversidad cultural y social. Asimismo, ha sido cuna de civilizaciones y religiones y tiene un extraordinario potencial de crecimiento económico. No obstante, todo ello no le exime de tener varios focos de conflictividad que afectan a la paz y la seguridad internacional.

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Sin embargo, hay que tener en cuenta que existen varias “Asias” y en las páginas siguientes vamos a circunscribirnos a determinados países de Asia oriental cuyo estudio seguro que despertará en el estudiante el convencimiento de que ya no es posible conocer y entender el actual marco de relaciones internas e internacionales en los ámbitos político, económico, cultural y social si desde Occidente persistimos en ignorar y  esconocer la irrupción de Asia oriental, y de China en particular, en el escenario político y económico internacional.

En esta introducción vamos a hacer algunas consideraciones generales o a remarcar algunas ideas-fuerza que han estado presentes en los procesos de reformas que están viviendo determinados países de Asia oriental. Podemos ver algunos aspectos de carácter civilizacional comunes en aquellos, así como una voluntad de modernización de sus sociedades, pero a la vez, hay que tener claro que Japón, Corea, Taiwan y China han vivido su evolución con procesos, velocidades y situaciones diversas y, en el caso de China, es aún un país en transición hacia una economía de mercado.

Antes de adentrarnos en el contenido del presente módulo, el estudiante deberá tener muy en cuenta tres consideraciones previas.

1) En primer lugar, hay que tener claro que, para entender bien el proceso evolutivo de las reformas políticas y jurídicas que viven estos países, hay que partir de una primera premisa: Japón y China han sido históricamente dos grandes potencias económicas y culturales, y en los últimos cincuenta años han deseado salir de una larga etapa de disfunciones y frustraciones en sus relaciones con Occidente. Muy especialmente, China fue y se consideró el centro del mundo y desea recuperar el lugar que le corresponde para volver a ser, dentro de dos décadas, una gran potencia económica con gran peso en la comunidad internacional.

1) En primer lugar, hay que tener claro que, para entender bien el proceso evolutivo de las reformas políticas y jurídicas que viven estos países, hay que partir de una primera premisa: Japón y China han sido históricamente dos grandes potencias económicas y culturales, y en los últimos cincuenta años han deseado salir de una larga etapa de disfunciones y frustraciones en sus relaciones con Occidente. Muy especialmente, China fue y se consideró el centro del mundo y desea recuperar el lugar que le corresponde para volver a ser, dentro de dos décadas, una gran potencia económica con gran peso en la comunidad internacional.

En primer lugar, los japoneses desde los años cincuenta, más adelante, los coreanos y taiwaneses desde los años sesenta y setenta, y finalmente, los chinos desde los ochenta, son países y pueblos que viven procesos de modernización y aprenden rápidamente de Occidente. Sin embargo, su hipersensibilidad nacionalista les lleva a la convicción de que una cosa es la modernización y otra cosa distinta es la occidentalización. Estos países se han abierto a los avances y procesos de internacionalización e innovación tecnológica, pero se resisten a renunciar a las raíces y las tradiciones que, aunque complejas, han conformado la diversidad de pueblos que componen Asia oriental.

Muchos son los autores que se preguntan si los procesos de modernización en Asia proseguirán sin adoptar necesariamente las concepciones o esquemas de democracia occidental. La experiencia singapureña se sigue con gran interés por los chinos, y la de China, por los vietnamitas. Incluso muchos coreanos recuerdan que Asia dispone de bases filosóficas propias sobre las que asentar sus democracias que incluso superan algunas limitaciones de los sistemas de valores occidentales a veces interpretados de forma contradictoria a los ojos de algunos países asiáticos, como por ejemplo en el conflicto de Iraq.

2) Una segunda consideración: no se puede, pues, estudiar y entender Japón, China y Corea desde esquemas preconcebidos que provienen de nuestra concepción occidental del individuo y la sociedad. Hay que recordar que hoy el confucianismo es la matriz cultural donde se educan más seres del mundo y sigue teniendo una influencia básica en toda Asia oriental, que es lo mismo que decir medio mundo. Samuel P. Huntington nos recuerda que la esencia de la cultura política de Occidente es la Carta Magna, y uno de los rasgos distintivos de la civilización occidental es la tradición del imperio de la ley. Esta tradición heredada de los romanos sentó las bases para el constitucionalismo y la protección de los derechos humanos, con una especial defensa de los derechos del individuo. En cambio, en las civilizaciones y tradiciones orientales se puede observar que la ley ha sido un factor menos distintivo a la hora de determinar el pensamiento y la conducta y vemos que la familia o la pertenencia a un grupo o a una red han predominado sobre el interés del individuo.

2) Una segunda consideración: no se puede, pues, estudiar y entender Japón, China y Corea desde esquemas preconcebidos que provienen de nuestra concepción occidental del individuo y la sociedad. Hay que recordar que hoy el confucianismo es la matriz cultural donde se educan más seres del mundo y sigue teniendo una influencia básica en toda Asia oriental, que es lo mismo que decir medio mundo. Samuel P. Huntington nos recuerda que la esencia de la cultura política de Occidente es la Carta Magna, y uno de los rasgos distintivos de la civilización occidental es la tradición del imperio de la ley. Esta tradición heredada de los romanos sentó las bases para el constitucionalismo y la protección de los derechos humanos, con una especial defensa de los derechos del individuo. En cambio, en las civilizaciones y tradiciones orientales se puede observar que la ley ha sido un factor menos distintivo a la hora de determinar el pensamiento y la conducta y vemos que la familia o la pertenencia a un grupo o a una red han predominado sobre el interés del individuo.

Cabe decir que siempre se ha producido una interacción de influencias y valore entre Occidente y Oriente. En los últimos cincuenta años y después de la Segunda Guerra Mundial, el constitucionalismo se ha ido consolidando en los regímenes asiáticos y se reconoce que los derechos humanos constituyen valores universales, aunque algunos defienden que deben ser interpretados teniendo en cuenta también los valores y tradiciones culturales de los pueblos y sociedades asiáticas.

Este último punto plantea, por ejemplo, algunas preguntas sobre cuál va a ser la evolución de China tras el acceso del poder de la Cuarta Generación de dirigentes. Al cumplirse 15 años desde los acontecimientos de Tiananmén, persisten los interrogantes sobre si se evolucionará a un sistema multipartidista.

Algunos autores se muestran preocupados por si el régimen chino pretende pasar de un régimen autoritario a una gobernabilidad postmoderna sin necesidad de instancias propiamente democráticas. Es importante, sin embargo, seguir la evolución política de Taiwan –también la de Japón y Corea– que muestra que en un país de cultura tradicionalmente confuciana, es posible instaurar una democracia con elecciones abiertas a un pluripartidismo.

3) Una tercera consideración: los procesos de reforma y evolución de los sistemas de organización política y jurídica de los diversos países de Asia oriental y continental están condicionados por un objetivo principal: el de dar base institucional y jurídica a los procesos de reforma y de crecimiento económico y el logro del progreso económico y el bienestar social de la población. Esto es más evidente en el caso del proceso de reformas en China, país al cual nos referiremos en primer lugar.

Una tercera consideración: los procesos de reforma y evolución de los sistemas de organización política y jurídica de los diversos países de Asia oriental y continental están condicionados por un objetivo principal: el de dar base institucional y jurídica a los procesos de reforma y de crecimiento económico y el logro del progreso económico y el bienestar social de la población. Esto es más evidente en el caso del proceso de reformas en China, país al cual nos referiremos en primer lugar.

Una tercera consideración: los procesos de reforma y evolución de los sistemas de organización política y jurídica de los diversos países de Asia oriental y continental están condicionados por un objetivo principal: el de dar base institucional y jurídica a los procesos de reforma y de crecimiento económico y el logro del progreso económico y el bienestar social de la población. Esto es más evidente en el caso del proceso de reformas en China, país al cual nos referiremos en primer lugar.

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